jueves, 7 de noviembre de 2019

LXXXV Hijo de la lìrica

Sentado suavemente tecleo,
mientras un poema deslizarse veo,
se me escurre entre mis dedos,
volando más allá de mis miedos,
hacia parajes menos húmedos,
olvidando todos mis credos,
me trae aquello que más deseo,
avanza sin dejar escapar un jadeo,
nunca se a donde me lleva,
ni hacia donde cada verso se eleva,
no hasta que este está acabado,
y a veces aún con este terminado,
conmigo burlonamente se queda,
dejándome como ahora anonadado.

lunes, 4 de noviembre de 2019

LXXXIV La canción de la lucha












Siente el poder que en ti nace,
siéntelo pues en tu interior yace,
mira como ni el viento lo deshace,
si lo destruyen como fénix renace,
sin duda que la vida te derrotará,
al suelo una y otra vez te tirará,
pero tu tenacidad te levantará,
pues tú y solo tú tienes el poder,
de ver tu vida crecer y crecer,
hasta llegar a ser quien quieres ser,
para poder finalmente ser feliz,
olvida está o aquella cicatriz,
pues de la vida eres un aprendiz,
que busca el embrujo de no ser infeliz.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Joyas literarias XXXII

A continuación incluyo un  penúltimo fragmento de uno de mis relatos favoritos del escritor Edgar Allan Poe, que es, sin duda, un maestro del suspense y el terror, un fragmento de El corazón delator:

"Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En el momento en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?
Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.
Sonreí, pues… ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campiña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.
Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara… hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos."

Continuará...

lunes, 28 de octubre de 2019

Joyas literarias XXXI

A continuación incluyo un  tercer fragmento de El corazón delator que es uno de mis relatos favoritos del escritor Edgar Allan Poe, un maestro del suspense y el terror:

"Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí… ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez… nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.
Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.
Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar… ninguna mancha… ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo… ¡ja, ja!"

Continuará...

jueves, 24 de octubre de 2019

LXXXIII El placer de amarte



Tráeme alegres días,
con hermosas melodías,
y te daré lo me que pedías,
llevate toda la amargura,
para mi pena busca una cura,
acompáñame en la noche oscura,
besa mi alma impura,
y te entregaré mi corazón,
te amaré sin condición,
te seguiré con emoción,
confíame tus sueños,
sean grandes o pequeños,
busquemoslos siempre risueños,
y de nuestros destinos seamos los dueños,

Tweeteando que es gerundio XVI...

A continuación incluyo algunos tweets de mi cuenta de twitter (si quieres acceder a mi twitter pincha aquí), donde reflexiono un poco en general sobre el loco mundo que me rodea últimamente, en cualquier caso espero que estas ideas os hagan pensar también a vosotros aunque solo sea para concluir cuan equivocado estoy:

"-Recuerda que una escalera lo mismo sirve para subir que para bajar, el uso se lo das tú.
Remember that a stair is the same for go up as for go down, what changes is the use that you give to it.
-Solo soy un maldito extranjero que vive y trabaja en Gran Bretaña, de la malvada Unión Europea, en concreto de la aún más malvada España, sin embargo incluso los villanos como yo tienen una opinión, así que creo que Gran Bretaña es más fuerte dentro de la Unión Europea que fuera, y que la Unión Europea también es más fuerte con Gran Bretaña en su interior.
-I'm just a bloody foreigner that live and work in the United
Kingdom, from the evil European Union, more specifically from the even more evil Spain, however even villains like me have an opinion, so I think that the United Kingdom is stronger inside the European Union than outside, and that the European Union is stronger too with the United Kingdom inside it.
-Había una vez un Reino que estaba Unido, entonces ese país se puso a si mismo en una situación difícil, pero en lugar de tratar de arreglarlo, esa nación se metía en un desastre cada vez más grande, ahora me pregunto, ¿Podrá ese país salvarse de sus propios errores? Espero que la respuesta sea sí.
-Once upon a time there was a Kingdom that was United, then this country puts itself in a difficult situation, but instead of try to fix it, that nation went to a mess every time bigger, now I ask myself, Could this country save itself from its own mistakes? I hope the answer will be yes."

martes, 15 de octubre de 2019

Joyas literarias XXX

A continuación incluyo un  segundo fragmento de El corazón delator que es uno de mis relatos favoritos del escritor maestro del suspense y el terror Edgar Allan Poe:

"Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando… tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.
Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena… ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: -No es más que el viento en la chimenea… o un grillo que chirrió una sola vez.
Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.
Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.
Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, abierto de par en par… y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.
¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado."

Continuará...