lunes, 14 de octubre de 2019

Joyas literarias XXIX

A continuación incluyo un  primer fragmento de El corazón delator que es uno de mis relatos favoritos del escritor maestro del terror y suspense Edgar Allan Poe:

"¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen… y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.
Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre… Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.
Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio… ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado… con qué previsión… con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría… ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente… muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente… ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches… cada noche, a las doce… pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás… pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.
Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando: -¿Quién está ahí?"
Continuará...

jueves, 10 de octubre de 2019

LXXXII Otoño en Lago Vyrnwy

Gotas de agua que caen del cielo
dejando húmedo el suelo,
mientras el aire reanuda su vuelo,
el otoño ha llegado sin ningún duelo,
miro sin ninguna pereza,
el gris sobre mi cabeza,
a la vez que observo la maleza,
que del verde se despoja,
cambiando el color de su hoja,
pintándose de amarillo y roja,
así como también se deshoja,
el árbol que dignamente se desnuda,
para no dejarte ninguna duda,
de que esta estación se despliega concienzuda.

LXXXI Abre los ojos
















La frustración de no poder,
o eso nos hacemos creer,
las repercusiones parecemos temer,
que eso pudiera tener,
el miedo a nuestra miseria perder,
pues poco o nada solemos poseer,
nos imposibilita poder crecer,
nos impiden contra los amos alzarnos,
contra nuestra esclavitud levantarnos,
más no toda la culpa debemos echarnos,
pues nunca han dejado de enseñarnos,
que podrían castigarnos,
que no lograríamos hacia la libertad elevarnos,
más incrédulos debemos ser,
a lo que vayan a contarnos,
pues tratan de engañarnos,
con sus mentiras la misma esperanza robarnos,
y de las ataduras tenemos que despojarnos 
con las que atan a nuestro ser,
y por una vez en la historia vencer.

martes, 1 de octubre de 2019

Joyas literarias XXVIII

A continuación incluyo un fragmento de El mercader de Venecia que junto a Julio Cesar y Sueño de una noche de verano, es una de mis obras favoritas del gran poeta y dramaturgo británico William Shakespeare, en concreto el famoso monologo que el personaje del mercader y prestamista judío Shylok hace, si no recuerdo mal en la escena del juicio a Antonio:

"Él me había avergonzado y perjudicado en medio millón, se rió de mis pérdidas y burlado de mis ganancias. Despreció a mi nación, desbarató mis negocios, enfrío a mis amigos y calentó a mis enemigos y cual es su motivo soy un judío. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos haceis cosquillas, ¿no nos reímos?, Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?
Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso. Si un judío insulta a un cristiano, ¿cuál será la humildad de éste? La venganza. Si un cristiano ultraja a un judío, ¿qué nombre deberá llevar la paciencia del judío, si quiere seguir el ejemplo del cristiano? Pues venganza. La villanía que me enseñáis la pondré en práctica, y malo será que yo no sobrepase la instrucción que me habéis dado."

lunes, 30 de septiembre de 2019

Joyas literarias XXVII

A continuación incluyo un poema del más que recomendable libro Cuaderno de Nueva York del gran poeta contemporáneo José Hierro:

"Sólo materia de sombras,
criaturas de la noche,
nubes espectrales, seres
dolorosamente informes,

visiones o pesadillas
llegadas no sé de dónde,
ráfagas resucitadas
que fueron mujeres y hombres,

que tuvieron carne y sueños
donde anidaban los soles
y ahora son sólo penumbra,
ríos de negros acordes,

tristezas desenterradas,
pesadillas o visiones,
llamando siempre a la puerta
de quienes no los conocen."

domingo, 29 de septiembre de 2019

LXXX En algún lugar más allá del arco iris

Sueños, delirios y fantasías,
corren por mis venas,
quitándome las penas,
que me traen los días,
a veces estas son mías,
otras de almas ajenas,
que comparten sus obras amenas,
con aventuras que ni imaginarías,
así es el arte de la escritura,
así es el arte de la lectura,
mitades ambas de la literatura,
que de vida me inundan,
de belleza me circundan,
y mi alma fecundan.

sábado, 28 de septiembre de 2019

LXXIX Siria.













Nombres malditos hay en este mundo,
de caos siempre rotundo,
que nadie quiere pronunciar,
para su desgracia no anunciar,
ese es un defecto profundo,
de ese ser tan inmundo,
al que le gusta alardear,
de lo recto de su caminar,
más cuan imperfecto este es,
pues anda del revés,
debiendo no ignorar la pena,
correspondiéndole combatir la condena,
de este pueblo hermano que no ves,
pero que acarrea plena.